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En busca de nuestra doula


Cuando buscamos el acompañamiento de una doula, quizá no sepamos muy bien cuál es su trabajo y nos preguntaremos: “¡Hola, doula! ¿Quién eres? ¿Qué haces?”. Propongo iniciar la búsqueda desde otro lugar.

Puede que en alguna ocasión os hayáis encontrado con una madre, embarazada o puérpera, sin ningún
o escaso apoyo afín a sus propias creencias, a su alrededor. ¿Alguna vez le habéis pedido a esa mujer qué necesitaría para sentirse mejor? ¿Os habéis preguntado qué significa “apoyo” para una mujer embarazada, en trabajo de preparto o puérpera? El quid de la cuestión es que, para cada mujer, el apoyo que necesita es bien distinto; incluso puede variar enormemente durante el transcurso del embarazo, el día del parto y durante el posparto. A veces puede precisarse de un apoyo solo logístico, otras solo emocional, o ambos a la vez, u otro totalmente distinto y particular de esa madre en concreto; en muchas ocasiones son tipos de apoyo que se entrelazan entre sí. De hecho, en la mayoría de los casos, las propias madres, en esos momentos, no sabemos muy bien qué necesitamos, y tenemos como una nebulosa de ideas y dudas a la espera de solución. En este sentido, una doula con experiencia puede leer entre líneas, y sentir qué puede necesitar realmente esa mujer para sentirse apoyada. Claro que ella se puede equivocar, como humana que es, pero su trabajo se centra sobre todo en afinar su mirada y acompañar a la madre para que logre conectar con sus propias necesidades (desconectar, en cierto modo, del bombardeo informativo que llega “desde fuera”) y apoyarla incondicionalmente en la toma de sus propias decisiones (aunque no sean las que la doula como mujer-madre tomaría a nivel personal).
Las madres solemos llegar a la primera entrevista con la posible dou- la con ganas de escuchar qué puede ofrecernos esta mujer desconocida que tenemos delante, y en relación a ello tomar decisiones. Pero yo propongo nos preguntemos, unos días u horas antes, lo siguiente: “¿Qué creo que necesito para sentirme apoyada, acompañada, protegida de juicios y empoderada?” Las respuestas que nos surjan de inmediato normalmente nos dan muchas pistas. Las que tardan un poco más puede que precisen de más elaboración y filtro. En esta primera entrevista podemos entonces crear un abanico de necesidades y, en relación a este escenario, la doula entonces sí puede ser más concreta en lo que puede o no puede ayudarnos.

El primer encuentro
Puede suceder que, tras la primera entrevista, la madre (y la doula usualmente también) se dé cuenta que en realidad no necesita una doula, sino alguien que le cuide a su hijo mayor, o alguien que le prepare comida durante unas semanas, o los servicios de una comadrona independiente, o un trabajo terapéutico profundo con un terapeuta concreto, etc.
También puede pasar que la madre y la doula perciban un feeling especial, reconfortante y mutuo, y eso genera un estado de bienestar y descanso en la madre, de inmediato. Esa sensación es la base para tejer el vínculo entre las dos, para trabajar desde ese estado que yo llamaría “sensación de paz”.

Definir el camino
Y ahí se inicia el proceso de ir concretando el trabajo de campo en sí. Perfilamos cosas como: con qué estructura familiar contamos; qué necesidades concretas precisarán de otro tipo de apoyo; qué expectativas de la madre para con su doulaje son inalcanzables y cuáles son probables (partimos de la base que las expectativas no nos ayudan mucho, más bien nos encajan en sueños concretos que, de no conseguirlos, nos sentimos terriblemente frustradas y heridas); cuáles son, de entre todo el abanico de necesidades de la madre, las dos o tres que acordamos priorizar; cuáles son las limitaciones de horario, modus operandi... que la doula tiene por su conciliación particular familiar; etc. Es preciso, en todo momento, que la doula sea humilde y no se crea la salvadora de nadie, sino una acompañante esporádica que un día dejará de estar ahí, al lado de la madre. Me refiero a que: es totalmente normal que en las primeras semanas (o meses, dependiendo de lo prolongado que sea el acompañamiento) se creen dependencias entre las dos, pero el objetivo último de toda doula es que la madre se sienta empoderada de su propia maternidad.
En España, ya existen doulas con años de experiencia y buenas praxis. En la asociación de la que soy socia, por ejemplo, tenemos un listado por zonas; también existe disponibilidad de doulas en prácticas que están cursando o ya han cursado la formación de Mares Doules.
Existen doulas de todo tipo. Hay algunas que nunca han sido madres, aunque la gran mayoría sí. Hay doulas de diferentes procedencias y culturas, que hablan diferentes idiomas... ¡Hay bastante para escoger! Lo que sí creo conveniente es que escojamos a la primera doula con la que sintamos ese feeling que he explicado antes, para no marearnos con tantas entrevistas.
Por último, recordar que cuando una doula va a ofrecerse como doula, no se presenta a la vez como masajista de ningún tipo, ni terapeuta, ni asesora de lactancia, ni canguro... Puede pasar que una doula tenga, dentro de su propia formación profesional, capacidades en otros campos, pero desde aquí pido y agradezco se tenga especial cuidado en enmarcar muy bien en qué momento estoy como doula y en qué momento estoy proponiendo otro tipo de trabajo fuera del doulaje en sí, para que no se creen confusiones.
Si, tras leer este texto, sentís la necesidad del acompañamiento de una doula, os deseo una feliz búsqueda. 

Sara Cendán Masip www.maresdoules.cat

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